De los días como un girasol

 

Llegaba alegre e impetuosamente, arrebatándome besos del centro de mi universo.

Fue ahí cuando me convertí en su girasol. Me regaba a diario con dulzura y esperanza, sembrando frescos sueños por emprender. Una que otra noche, llego a mi puerta implorándome con rosas la entrada.

Fueron esos días mis pétalos suaves,  siempre y cuando amaneciera entre sus brazos. Mis ojos, semillas más claras que la Luna. Mi tallo, el cual  tomó prestado por instantes, eran mis fuertes y rápidas piernas, para socorrerlo si me necesitaba. Los verdes brazos que me quedan fueron,  un día,  junto con mi cabello, nuestro tibio lecho de amor. Mis pechos y mi sexo, su manjar de sedativas aguas en las noche cuando  llegaba sin previo aviso sintiéndose derrotado. Era mi piel su brújula; su camino y su única verdad. Mi cintura,  su guarida, donde solía refugiarse como un velero en los días de tormenta.

Una noche ya no apareció más por el jardín de mi vida. Desde entonces, nunca más alumbro el sol. El alma, arraigada y necia raíz la cual era tan cristalina como agua del arroyo, me abandonó quedándose a su lado en las penumbras de su habitación. Y fue así, colgados tras la puerta del olvido, que quedaron mis días como girasol.

© Daymé García

Miami, FL

11/21/11

2 comentarios

Archivado bajo Musas

2 Respuestas a “De los días como un girasol

  1. Me encanta!!!!!!!!!!!!! dias de girasol…

  2. Gracias primis! Me alegro mucho que te gustara!

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