Archivo mensual: mayo 2012

Hoy fue mi graduación de 1r grado. Desperté temprano, y más espabilado que de costumbre me alisté. Empecé por asearme como mami me ha instruido que haga, me puse el uniforme que hasta tarde estuvo planchando y los zapatos que hoy hasta brillo le dio. A lo largo del curso me esforcé muchísimo para que estuvieras muy orgulloso de mí al ver cuántos diplomas he ganado. Y cuando digo que me esforcé muchísimo, es porque realmente  lo hice. Cuando me daban muchas ganas de hablar con mi compañero de al lado sobre mi paseo a la playa el fin de semana, o cuando tenía muchos deseos de contarle a mi amiguita del otro extremo de la mesa, sobre el  perro nuevo que tengo en casa, me aguantaba la lengua para así poder coger excelente en conducta. Esperaba a la hora de la merienda, te juro que la lengua me picaba, pero aguantaba porque si no me llamarían la atención. Era una prueba muy grande eso, como si me pusieran un cake delante y esperase para probarlo, sin pecar de meterle el dedo. Me esforcé haciendo todos mis proyectos y entregándolos a tiempo. Mami con su cantaleta de: “Las cosas se hacen bien, o no se hacen”, me sacó el jugo aquella noche que tuve que hacer una autobiografía de mi vida y que estuvimos  hasta las 12 de la madrugada cortando y pegando fotos. Recuerdo que al otro día en la clase estaba tan cansado, soñoliento y malhumorado que casi le doy una mala contesta a la maestra, pero me armé de paciencia porque sabía que me metería en problemas. Siempre alcé mi mano antes de responder las preguntas y seguí instrucciones en el salón. Por nada del mundo desobedecía a la maestra y siempre me esforcé el máximo. Llegué temprano todos los días y aún cuando me sentía mal, le pedí a mami que me llevara a la escuela para no estar ausente. También fui  team leader  para así coger otro diploma. Todo porque quería que estuvieras orgulloso de mí. El  corazón me latía muy fuerte dentro de mi pecho. Como cuando me dan un gran susto o una gran sorpresa. Podría jurarte que hasta lo escuchaba. Y sentía mis orejas calientes, en señal de que estaba poniéndome rojo. Caminé con pena entre todos los niños de primer grado graduándose aquella mañana. Le sonreí con cara de susto a mis compañeros de clase… En antelación del gran momento. Sentía un hueco en mi estómago, aunque lo disimulaba muy bien. Seguí sonriendo y ¡Zas! Llamaron mi nombre, el piso se me movió cuando me paré de mi asiento… Ahí iba… Camino a hacerte orgulloso. Subí con pasos apresurados cada escalón…. Me hicieron entrega de mi primer diploma. Otros más. En realidad  no le presté atención.  Sólo me enfoqué en buscar tu sonrisa desde lo más alto, entre la multitud… pero nunca la encontré.

 

 

© Daymé García R

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Amarte y no saber nada
Amarte y no entender nada
Amarte y no dudar nada

Amarte. Sentirlo todo

 

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Volverá a escampar

Desgarrada como queda una presa ante el zarpazo de una bestia feroz.  Rota como una muñeca de porcelana fina, que dejan caer al piso, o que quizás tiran adrede, ya ni se… Y no sé si importa realmente. La voz del otro lado del auricular avisa que has muerto. El teléfono cae, golpeando mis pies, pero no, no lo siento.Este dolor que emana desde mi interior es más fuerte.Arde. Mi cuerpo hecho harapos se desploma en el sofá, lamentando  tu ausencia.  Con tu partida se mudan lejos algunos de los sueños  que fantaseábamos  en el piso de la cocina, tomando un café. ¡Y es que ya no estarás! Y mueren las plantas a las que le hablábamos en la madrugada bajo la frialdad de la noche. Y huye el eco risueño de una Gitana que en las tardes de domingo solamente lucía sus pulsos y pañuelos para ti. Se suicida una ilusión hoy, y cada mes que aun no llega. En el invierno algunos colores del cielo perderán su luz, y guardaré mi pincel favorito en acato por tu ausencia. Y la Bebe ya no me cantará al oído, ni me dedicará más canciones. Y el cartero ya no dejará más tus cartas, ni tendré que esperar nunca más por alguna llamada tonta. Llueve ahora. Llueve afuera. Llueve en mi alma. Las gotas resbalan, corren por las paredes de mi corazón, como un presagio de que el cambio se avecina, está aquí y es invitable. Llueve fuerte, dentro y fuera…pero se que irremediablemente volverá a escampar.

              

               Image

 

© Daymé García

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 Fue aquella noche encerrada en el faro…Todo era confuso.Temí al viento que azotaba las paredes.Y temí al enclaustramiento que sentía trepando hasta mis oídos, como una sentencia maldita.Temí al horizonte que se levantaba ante mis ojos.Él mismo que se enredaba con el mar, en medio de nubes negras.Por instantes dude a qué mundo pertenecía.Temí a la oscuridad y a los hombres malos que a golpes derribaban la puerta.

Temí mucho, temí toda la noche….

Y sin embargo… no le temí a las alturas

© Daymé García R

05/17/12

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