Volverá a escampar

Desgarrada como queda una presa ante el zarpazo de una bestia feroz.  Rota como una muñeca de porcelana fina, que dejan caer al piso, o que quizás tiran adrede, ya ni se… Y no sé si importa realmente. La voz del otro lado del auricular avisa que has muerto. El teléfono cae, golpeando mis pies, pero no, no lo siento.Este dolor que emana desde mi interior es más fuerte.Arde. Mi cuerpo hecho harapos se desploma en el sofá, lamentando  tu ausencia.  Con tu partida se mudan lejos algunos de los sueños  que fantaseábamos  en el piso de la cocina, tomando un café. ¡Y es que ya no estarás! Y mueren las plantas a las que le hablábamos en la madrugada bajo la frialdad de la noche. Y huye el eco risueño de una Gitana que en las tardes de domingo solamente lucía sus pulsos y pañuelos para ti. Se suicida una ilusión hoy, y cada mes que aun no llega. En el invierno algunos colores del cielo perderán su luz, y guardaré mi pincel favorito en acato por tu ausencia. Y la Bebe ya no me cantará al oído, ni me dedicará más canciones. Y el cartero ya no dejará más tus cartas, ni tendré que esperar nunca más por alguna llamada tonta. Llueve ahora. Llueve afuera. Llueve en mi alma. Las gotas resbalan, corren por las paredes de mi corazón, como un presagio de que el cambio se avecina, está aquí y es invitable. Llueve fuerte, dentro y fuera…pero se que irremediablemente volverá a escampar.

              

               Image

 

© Daymé García

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