Mi felicidad lleva sus labios

Los besos de febrero son los besos más dulces que han probado mi boca. Su boca es un territorio que no deja de asombrarme, el cual recorro con las ansias que se come un chiquillo un helado, o se chupa un caramelo, o abre un juguete nuevo. Recibo sus besos como quien está a punto de recibir una tajada de mango, como quien presagia una limonada una tarde de verano. (Perdón por mi asociación con la comida, pero es que amo comer). Hambrienta, me extasío con su dulzura, dejándome llevar por su lengua. Saco a jugar la mía, introduciéndola en su cavidad hasta chocar con la suya. Ellas se enroscan como dos serpientes, haciendo de la situación un santiamén exclusivo. 0305132119 (2)Mientras juegan, el encuentro despierta un centenal de vértigos en los más remotos lugares de mi anatomía. En una lucha ávida por el control, mi lengua gana haciendo que la suya se someta y se deje explorar. Mi lengua esta vez no sólo encuentra la suya, sino que la recorre hasta sus lugares más insospechados…
Lamo sus labios, saboreo su lengua. Chupo el borde sus carnosos labios lentamente hasta que por fin escucho que jadea. Sigo en mi activa exploración hasta que el jadeo es mutuo. Para entonces, el ya toma el control, haciéndome recordar que soy una mujer hambrienta y en expectativa de su reciedumbre.
Me echo como una gata desnuda, y espero entonces como una criatura indefensa que arranque este destello que nace de mi entrepierna cada vez que me planta los besos más dulces que han probado mi boca.

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