Por miedo a sufrir

Lleva semanas, meses que no me toca, que no me huele. Lleva semanas con ella en la cabeza. El cree que la ausencia de reclamos me hace ignorar lo que está sucediendo, pero más que no saber, es el miedo a la angustia que vendría si nos llegáramos a separar. Es el pavor al cambio.

Lo espero recostada en el sofá, con el ajuar más sensual posible: desnuda. Me siento tonta, fuera de lugar. No puedo contener mi nerviosismo y excitación al escuchar sus pasos subiendo la escalera, el sonido delator de las llaves justo antes de abrir la puerta.

Aparece en el umbral, entra, me levanto y camino a recibirlo. Lo beso, me besa. Nos besamos con falta de coordinación, de práctica, como dos desconocidos. Me mira con prejuicio, con desconfianza.Trato de sentirme cómoda en mi propia piel.

Le quito su chaqueta, le aflojo la corbata y con tono de que no pasa nada, le pregunto cómo le fue en la oficina. Responde  vagamente que ha sido un día difícil. Le ofrezco un masaje en los hombros para libertar el stress,  mientras los empujo lentamente hacia el sofá.PicsArt_1369402541379

De los hombros paso con mi boca hacia su cuello, lamiendo cada centímetro de piel.  Chupo  el borde de sus orejas, le susurro palabras al oído, esperando el momento para bajar hasta su sexo. Para mi sorpresa nunca llego a recibir la señal.

Suavemente me recuesta en el sofá. Abre mis piernas y comienza a masturbarme. Me miro, y me doy cuenta que el tiempo no perdona. Mis muslos no son tan tersos, ni mi estomago tan firme como antes. Le pido que me folle  como la primera noche juntos cuando éramos jóvenes e insaciables, mientras también noto el paso de los años por su cabello, por sus manos ya cansadas.

Niega una, dos, tres veces con la cabeza.  

Se queda mirando mis ojos  en busca de una respuesta que no puedo darle. Una respuesta que por temerosa y sumisa no acepto; una respuesta que lleva nombre de mujer y no es el mío.

Como un presagio, una calamidad anunciada, se queda mirando un recuerdo lejano, cierra mis piernas. Me levanto. Me da una palmada en el trasero y me pide que caliente la cena de una vez.

 

© DG

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